Me pareció hermoso poder compartir este tema con todos ustedes, la verdad es que es muy fácil quedarnos como espectadores de la vida de las demás personas en lugar de ser actores de la nuestra.
Quise compartir esto porque por muchos años yo fui una espectadora, no tomé las riendas de mi vida y dejé que la vida pasará a mi alrededor. Todo fue debido a los problemas que me acechaban diariamente, para mí era más sencillo callar mi voz, mi mente y pretender que todo estaba bien.
Como una droga pasaba viendo historias en la televisión, historias que quisiera que fueran mías, pero no lo eran, me encantaba la constancia de los personaje, su manera de luchar y su pasión por la vida. Ahora después de algunos años, creo que admiraba a estos personajes porque eran actitudes que yo hubiera querido tener para mi propia vida.
De alguna manera las largas horas frente a la televisión, viendo historias que satisfacían mis sentidos y sentimientos, me llenaban el corazón y me ayudaba a no llorar por la verdad de mi vida.
Pero hay algo que siempre odiaba, el final de las historias, de la serie, del juego de vídeo. Me causaba una profunda tristeza, como si una parte de mí se hubiera ido con esos personajes. Hoy me doy cuenta que era a causa de que esos finales me hacían darme cuenta de que mi realidad era otra, que en mi realidad no había un final feliz o una meta alcanzada. Sólo una persona solitaria que pasaba sus horas frente a un televisor o una computadora.
Debo dar gracias, ya que fue Dios quién me sacó de esa oscuridad, conocer a Dios me levantó de muchas oscuridades, de muchos hoyos en mi vida. Este era uno de los hoyos en los que yo me había hallado por años.
Dios me dió la fuerza para dejar de soñar mi vida con aquellos personajes, soñar cosas grandes para mi vida. Es claro que soñar no es malo, pero sí sólo pasamos soñando, esos sueños no se harán realidad y no podremos vivir nuestros sueños.
Dios llegó a mi vida para levantarme de ese lugar frente a mi televisor y hacerme ver que había todo un mundo por recorrer, que en mi diario vivir tenía personajes más hermosos que aquellas historias, que habían personas reales y bellas por conocer.
Yo te invito a que no huyas más de tus problemas, que no los apacigües con esas historias de series o juegos de vídeo. Te invito a que dejes de soñar tu vida y empieces a vivir tus sueños. Empieza a ser el protagonista de tu vida, aquel que no se da por vencido, que lucha, que se enfrenta a todo y tiene la actitud para levantarse a pesar de las caídas.
Levántate y empieza a vivir, a vivir como nunca, a vivir en cada paso, en cada palabra, en cada mirada, en cada respirar. Dios será tu fuerza para levantarte de las caídas, Dios será el amigo fiel de tus viajes, de tu historia.
Es hora de que empieces a contar tu propia historia...
































