miércoles, 12 de agosto de 2015

Por qué tengo que sufir?

Me pareció muy importante compartir este tema, ya que es una pregunta que todos en algún punto de la vida nos la hemos formulado. ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasan estas cosas si yo no he hecho mal a nadie? ¿Por qué tengo que sufrir?


El sufrimiento es algo que conocemos de toda la vida, cuando somos pequeños lo manifestamos con emociones simples, una caída que nos causa dolor, un grito fuerte de papá y mamá que nos hicieron sentir muy mal o alguna enfermedad. Sin embargo a medida que crecemos estas emociones se vuelven cada vez más complejas. Empezamos a conocer el dolor del corazón, a veces la perdida de un ser querido, dolor porque alguien nos dejó y traicionó, a veces nos sentimos solos y vacíos, tanto que nos causa dolor, problemas familiares en los cuales salimos heridos. Y no se queda ahí, empezamos a ver a nuestro alrededor y sufrimos por el dolor de los demás.

Sufrir es parte de vivir, no somos capaces de controlar todas las situaciones en nuestra vida y en el mundo que nos rodea. Lo cierto es que enfrentar el dolor y tener agallas para no salir huyendo es cosa de valientes, y la verdad en mi experiencia es algo que uno no lo logra sin la ayuda de Dios. Huir al dolor no es la solución porque uno no crece, ni madura, en cambio al enfrentar la situación uno puede crecer y ser mejor persona.


Hoy quise compartir mi experiencia del sufrimiento, y de cómo gracias a Dios ya no vivo en ese oscuro mundo del dolor y la tristeza. Hoy ese dolor me ha permitido crecer y ser alguien mejor. Tengo gracias a Dios la experiencia de enfrentarme al dolor sola con mis fuerzas y también con la ayuda de Dios.

Quienes hayan visto mis batallas desde fuera seguramente no lo noten, talvez sigan viendo la misma persona que lucha ante las adversidades y tiene una sonrisa. Sin embargo yo quién he vivido, sé que hay una gran diferencia, ya que antes todo lo que proyectaba era falso, en realidad me moría por dentro. Sin embargo la alegría que hoy proyecto es real.

Yo soy una de esas personas que conocí del dolor desde muy pequeña, no lo quise, pero vino a mí. A mi corta edad me enteré de verdades familiares dolorosas y terribles, esto me afectó mucho, hubo muchas personas involucradas y afectadas. Viví muchos años de mi vida llorando en mi habitación sin que nadie lo supiera. Cada vez los problemas crecían en mi interior, y en la adolescencia todos estos sentimientos de dolor, ira y resentimiento empeoraron. El suicidio era una de mis opciones en aquellos días. Recuerdo reclamar a Dios en llantos diciendo: ¿por qué me trajiste a este mundo? ¿por qué me trajiste para sufrir? y decirle: "Si me has traído para esto no quiero, mejor llévame pronto". Yo sabía que la vida no podría ser sólo dolor, debía haber algo mejor. Y así es, Dios es lo mejor. Él se valió de mi dolor para tomarme, conocer a Dios fue y es la mejor experiencia de mi vida. 

Ahora después de muchos años puedo dar gracias a Dios por ese dolor, porque eso me permitió conocerlo verdaderamente, jamás me arrepentiré de sufrir porque ese fue el medio para que yo lo conociera. Y si tuviera que vivir una y otra vez ese dolor por conocerlo lo haría. La llegada de Dios a mi vida ha sido darle el verdadero significado a mi presencia en este mundo, me ha traído la verdadera alegría y ha sido puente para mi salvación y la de mi familia.


Hoy debo decir que he vivido situaciones más duras que cuando niña y adolescente, sin embargo ahora ya no estoy sola para enfrentarme a esos sufrimientos, junto a Dios ya no he sufrido como en aquellos años. Además recuerda que Dios jamás te dará una carga que no puedas soportar. Hoy sé que donde abundó el dolor y el sufrimiento sobreabundó el amor y el consuelo de Dios.  


Entrega tus sufrimientos y dolores y sé testigo de las gracias que Dios quiere derramar sobre tí...